Para ellos, los reclamos de trato justo con abandono de funciones, solo proceden cuando su condición de asalariados los subordina al Estado, que es el que carga con la demografía nacional más numerosa, que es la de los pobres. Estos que, en primera y última instancias a la vez, siempre han sido el chivo expiatorio de sus demandas.
En la composición social de los victimados por las paralizaciones que echan a un lado el juramento hipocrático, aparecen los hijos de Machepa obligados a cruzar los umbrales de centros asistenciales del sector público, de notables precariedades muchos de ellos. Van a la carga hacia esas hospitalizaciones haya o no haya medicamentos suficientes o hasta falten sábanas para dormir.
En fin, multitudes del sector informal de la economía en el que está comprendido el 57 % de la fuerza laboral del país, en la que sobreviven sin suerte ni liderazgos de profesionales que los defiendan: chiriperos, jornaleros, barrenderos, vendedores callejeros y todo el que lleva meses sin conseguir empleo. ¡Vaya! que los jodidos no son pocos.
Editorial: Hoy





