Ramiro Francisco
A Doña Ana y Renato Ferrero en Neuquén-Argentina
A veces no comprendemos, por qué el Altísimo no otorga el poder pleno al ser humano, para que este realice obras que realmente beneficien a la misma humanidad.
Amplios conocimientos sobre medicina, medioambiente, minería, agricultura, Ciencias, con los que el ser humano hombre-mujer, pueda emplearlos para construir mejores comunidades, naciones y el mismo planeta como un todo.
Esa restricción al poder, tiene sus aciertos, cuando se toma en cuenta, los abusos que se cometen con el no correcto uso del mismo.
Cualquier sencillo diccionario, nos dirá que “el poder es la capacidad de una persona o grupo, de hacer que algo ocurra”.
¿Podemos imaginar a personas con la capacidad de hacer llover, producir terremotos, huracanes, o sequías?
¿Personas con el don de sanar cualquier enfermedad? ¿Predecir, ver y conocer el futuro?
Cada persona que lee estas líneas, podrá conocer o haber leído, de alguien con esas facultades, y que han sido objeto de estudios científicos. Por ejemplo: Pachita, en México.
Pero, el PODER político, social o religioso ciega, obnubila, enloquece, altera, nos hace creer que es propiedad nuestra.
Los reinados, las dinastías, dictaduras…muchas veces duran 30 o más años. Al final, caen, mueren, huyen.
Santiago y Juan, este último llamado el “discípulo del amor”, experimentaron, lo que es el uso “medalaganario” del poder.
Junto al Maestro Jesús, se encontraban en una ciudad samaritana, donde la gente se congregaba para escuchar el mensaje divino. Al final, nadie aceptó la predica y ellos muy celosos y creyendo podían hacer uso del PODER a su discreción, pidieron permiso para “hacer caer fuego del cielo, que los matara a todos”.
Por suerte para ellos, una mirada amorosa y voz autoritaria, los salvó de ser ellos los quemados.
El PODER, no es tuyo. Solo eres administrador.
No fue la Vara de Moisés, que abrió el mar o hizo brotar agua de la roca.




