Ramiro Francisco
Al llegar, Don Colás acariciaba y fumaba su cachimbo, mientras Doña Celedonia, limpiaba y acotejaba algunas ramas secas en el patio de la casa.
Siempre que puedo, es un placer visitarles. Es una zona rural bien cerca de la ciudad de Puerto Plata. Hablamos de todo. Nosotros, de lo que consideramos ciertos adelantos. Él, de sus tierras, sembradíos y cosechas.
Se mantiene informado de los acontecimientos, por medio de una pequeña radio que aún conserva.
Le dije, como por medio de la Sonografía, Radiografía y Rayos X, se puede conocer en el cuerpo humano, lo que no vemos a simple vista y lo muy positivo que esto ha sido para la Humanidad.
Que muy pronto si no es que ya se sabe, tendremos a mano mediante alguna tecnología, hasta conocer como si fuera un teleprompter, el o los pensamientos de las personas.

Quizás, a nivel militar ya exista en práctica esos conocimientos.
Don Colás, me escuchaba atento. Me dijo, haber escuchado que “de la abundancia del corazón habla la boca” y por lo tanto, lo que piensa el ser humano, de alguna manera se refleja en los ojos.
Las miradas hablan –repetía-
“Hay que estar atentos y aprender mirar a los ojos”. Saboreando su cachimbo, sostuvo que “ te das cuenta, que los sí, los no, me gusta, te quiero, de acuerdo, no me interesa, lo que comí no estaba bueno, me encanta, me desagrada, estás bonita…lo decimo con los ojos o con alguna expresión del rostro”.
“Solo hay que mirar y aprender…”-me dijo en voz baja mirándome a los ojos-.
Lo dejé para otra oportunidad hablarle un poco de la tecnología empleada en el reconocimiento facial y esas cosas.





