Ramiro Francisco
Tres de los cuatro autores de los Evangelios, tratan acerca del episodio aquel cuando Jesús caminó sobre las aguas, dejando en sus discípulos y todavía al Sol de hoy, lecciones imborrables en aquellos que no sienten pánico ante lo desconocido.
Lo que para algunos es un misterio, para otros, son oportunidades de crecer, si dedica tiempo a investigar, preguntar y seguir adelante.
No olvidar, que muchos de los discípulos, eran pescadores. Conocían los peligros del mar, más si tenemos en cuenta las frágiles y pequeñas embarcaciones de la época.
Imposible clasificarlas como balandros, goletas o navíos utilizadas por los españoles, piratas, vikingos, cientos de años después.
Los discípulos partieron solos, porque el Maestro no abordó la pequeña embarcación.
Llegada la noche, empezó el dilema. Fuertes olas y vientos, más una reinante oscuridad que inquietaba a esos rudos marineros.
Notaron una silueta, que caminaba –flotaba- dirían hoy. Se acercaba a la embarcación, tuvieron miedo y exclamaron ¡Un fantasma! El los tranquilizó diciéndoles quien era y entonces, Pedro le rogó caminar en las aguas junto a él.
¿Cuál era la creencia sobre fantasmas entre los judíos? ¿Fariseos, Escribas, Saduceos, sacerdotes, los discípulos, podrían tener las mismas opiniones o conceptos?
¿Un fantasma puede verse? ¿Hablan?
Enorme y trascendental la experiencia de Pedro y todos los discípulos esa madrugada.
Por supuesto, que nunca más se volvió a tratar sobre fantasmas y esas cosas –que sepamos -. El misterio sigue latente.
Tal vez, no estaban ni estamos preparados para esas revelaciones.





