¿Cuáles son los requerimientos contemporáneos de carácter formativo, y las habilidades personales, que demanda la efectividad del ejercicio profesional de la Diplomacia ?
Para mayor comprensión del tema, las cualificaciones y habilidades personales concernientes al efectivo ejercicio profesional de la Diplomacia, serán tratadas subsecuentemente en esta misma columna; previo a ello, es conveniente referirse a determinados aspectos considerados imprescindibles para una eficiente aplicación de la política exterior del Estado, cuyo instrumento de ejecución por excelencia es la Diplomacia, y de esta última, la negociación se ha establecido como “su procedimiento por antonomasia”(Martínez Lage); y es también, “el eje nodal de toda actividad diplomática”.
Para tal propósito, resulta imprescindible que el diplomático cuente con una consistente formación académica multidisciplinar, así como, con actualizaciones periódicas, y debidamente planificadas, de sus conocimientos; y con ello, deben ofrecerse esenciales especializaciones en este marco.
Igualmente, se requiere de una capacitación efectiva para que el funcionario pueda auxiliarse eficientemente de los medios electrónicos, incluyendo la inteligencia artificial, y con ello manejar estratégicamente la información. Asimismo es importante para las correspondientes labores “de observación e información”. Todo lo cual es fundamental para posibilitar la eficacia en este ejercicio, tal como se ha consignado, pormenorizadamente, en entregas precedentes.
Procede resaltar el papel medular de los centros académicos de las Cancillerías, y en estos, los bien fundamentados programas de estudios que ameritan; y en sus docentes, y autoridades ejecutivas, la sólida formación en esta área específica del conocimiento que demandan, y asimismo el criterio ineludible de estos, que debe ser, esencialmente, la consecuencia de la experiencia acumulada en la aplicación de la inteligencia y del tacto en la conducción de las relaciones entre los Estados, y de estos con otros sujetos de Derecho internacional con capacidad para ello .
Determinados tratadistas contemporáneos han señalado que para este ejercicio “nada suplirá las cualidades de la persona”. Entre ellas destacan: “la correcta sociabilidad” caracterizada por el “trato digno y respetuoso”; la vocación de servicio, imprescindible para la protección, y asistencia, de los nacionales en el exterior; “la dignidad del aspecto, y corrección en las costumbres”. Más aún, se requiere tacto y hábil manejo del sentido común, en sus acciones.
No obstante, apunta Narváez Rivadeneira: “La cualidad más importante e indelegable del diplomático-persona es su identificación con las raíces de la sociedad que representa y que, en última instancia, constituye el legado de intereses que está obligado a defender”.
Merece resaltarse, igualmente, por considerarse la clave del éxito en múltiples gestiones, y diversas negociaciones, la habilidad para identificar convenientemente el lugar y la oportunidad de las acciones, cualidad emblemática del ejercicio diplomático profesional.
Debe insistirse, finalmente, en que el diplomático contemporáneo debe ser un eficiente negociador; pero también un analista político y económico; un promotor comercial y de canalización de la inversión extranjera hacia su país.
Asimismo, un gestor del fomento del turismo, y de la esencial cooperación.
Igualmente, debe ser un agente de protección de los intereses, y de los nacionales, del Estado que representa (personas físicas y jurídicas), Asimismo un promotor de la cultura, e identidad, de la propia nación.
Fuente: El Nacional





