Historia
Los yanquis con sus miedos y sus fantasmas, con su fuerza brutal y fijaciones políticas fruto de su visión de un solo ojo, que solo les permite ver lo que entienden que les conviene, apoyadores de las clases conservadoras temerosas de perder privilegios y capacidad de abuso, destaparon la caja de Pandora el 25 de setiembre de 1963.
«A lo largo de la historia, Mambrú Te das cuenta de que convives con amigos y enemigos.»
Héctor Díaz Polanco
Los yanquis con sus miedos y sus fantasmas, con su fuerza brutal y fijaciones políticas fruto de su visión de un solo ojo, que solo les permite ver lo que entienden que les conviene, apoyadores de las clases conservadoras temerosas de perder privilegios y capacidad de abuso, destaparon la caja de Pandora el 25 de setiembre de 1963.
Ahí se inició la danza macabra que provocó miles de muertos en nuestro país, desde entonces hasta el final de los 12 años de Balaguer.
Esos muertos hay que atribuírselos y contabilizarlos a los políticos rechazados por el pueblo en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, a los líderes de Unión Cívica Nacional, los doctores Viriato y Antinoe Fiallo, Juan Isidro Jiménez Grullón, Angel Severo Cabral, Horacio Julio Ornes Coiscou, Mario Read Vitini, Alcibíades Espinosa y a toda esa gente que se guareció bajo la falsa sombrilla del fantasma del comunismo.
La traición al país y la postergación del ensayo democrático dio paso al trujillismo sin Trujillo. El tirano y sus abusos fueron sustituidos por una clase avara de poder y riquezas que heredó al robarse empresas, negocios, haciendas y reses, al bajo precio de llevarse todo impunemente. Para eso produjeron el golpe de Estado de 1963.
Los análisis y estudios sobre tan infausto acontecimiento dan de lado a la verdad, subyacente pero visible: “Quítate tú para ponerme yo”.
Surgieron negocios, crecieron chinchorros, súbitamente hubo milagros económicos que contribuyeron a que familias de contrabandistas, contrabandeando y alterando la composición de alimentos y bebidas, evadiendo impuestos y creando la industria del soborno y la coima, inflaran sus teneres hasta el infinito, así, “qué fácil es”, dice la canción.
Los guardias que escucharon el canto de sirenas de sacerdotes fanatizados, quienes nunca han pedido perdón por su malsana campaña política en favor del desconocimiento del Estado de derecho, acentuaron su traición al país al respaldar la intervención y ocupación de 1965. Nos tocó a los constitucionalistas reivindicar el glorioso papel de los restauradores de 1863 en la defensa de la soberanía nacional.
La mañana del 25 de setiembre de 1963 nos encontramos un grupo de compatriotas en la embajada dominicana en Caracas. Con Alfredito Rizek Biillini no hice ningún pacto solemne ni grandilocuente, simplemente andábamos en busca de orientación y de armas para venir a nuestro país a luchar por la democracia, la libertad y el noble ejercicio del derecho a la búsqueda de la felicidad sin tutorías.
Consecuentes con esa conducta nos encontramos en las trincheras del glorioso abril de 1965, como combatientes constitucionalistas
Fuente: Hoy




