Ramiro Francisco
Por más de 28 años el programa SABADO VIEJO, se mantiene en el gusto de un público amante de la buena música, que cada tarde sabatina solos o acompañados de familiares y amigos, suelen reunirse, para disfrutar de esos momentos inolvidables.
Y entre cuentos, risas, tragos, a veces, asados, asopaos o sancochos, el tiempo transcurre apacible y se escapa cada noche, y deja un grato sabor de volver a repetir esos agradables momentos.
La verdad, no es por los viejos danzones de Barbarito o Acerina, ni siquiera los tangos famosos de Gardel, o los esperados boleros de la Voz Continental de Lucho Gatica, Tampoco, los merengues de la “vieja guardia” de la Santa Cecilia, Luis Alberti, Ramón Gallardo, el Trío Reynoso o Guandulito.
Ni por las voces aterciopeladas de Nicolás Casimiro, Panchito Riset, Leo Marini, Elenita Santos, Toña La Negra, Lope Balaguer, Gilberto Monroig, Alfredo Sadel, Fernando Valadez, Pedro Infante, Nat King Cole, Los Hermanos Arriagada, Miltiño, o Aznavour.
Ese cariño, esa “fiebre”, no es por Joan Manuel Serrat, o Perales, Raphael, Nicola Di Bari, Sandro, Felipe Pirela, José José, nuestro Lockward, Lucesita, Las Rocío, Nino Bravo, Camilo Sesto, Teté Marcial, La Lupe, Ángela Carrasco, Danny Rivera, o Tito Rodríguez.
Lo que nos une cada tarde del sábado además de la identificación con la buena música y compartir sanos recuerdos, es dejar que las neuronas se regodeen, pierdan un par de años y accedan a esos rinconcitos, que solo al ritmo de un buen son o merengue, salsa, bachata o un rico bolero, puede despertar un hermoso recuerdo que puede estar dormido.
Recuerdos de nuestra niñez y adolescencia, cuando escuchábamos esas “viejas” canciones junto a nuestros padres familiares o amigos, muchos ya idos a otra dimensión.
Pasaron los años y llegaron las fiestecitas de cumpleaños, de las escuelas o del colegio. También las visitas a carrandales cabareses y bares.
Allí y por doquier, hemos dejado y encontrado huellas. Recuerdos que se van y esfuman como las espumas que canta Pirela, y otros que no se van nunca.
Recuerdos dolorosos, que abruman y esclavizan. Otros que traen alegría y felicidad cuando llegan.
Todos hacen presencia con Sábado Viejo.
Porque las canciones y sus artistas que por el programa desfilan, unen épocas y son para todas las edades como si fuera como el título de una hermosa canción del maestro Rafael Solano, MAGIA.





