Ramiro Francisco
No siempre en lo que exponemos o defendemos, podemos tener la razón. Puede ser “mi verdad”, no LA VERDAD. Porque, existen diferentes versiones y visiones de un mismo hecho, situación o acontecimiento.
Sencillo: El señor A, está en la Calle José Del Carmen Ariza, frente a la Catedral San Felipe, en Puerto Plata. Puede observar tres grandes puertas, dos hermosas torres y al centro, una cruz de cristal, entre otras bellezas.
Pero al Este de la edificación el señor B, observa desde la Calle Separación, y las torres no se hacen notar, solo una hermosa cúpula redondeada, entre otros detalles arquitectónicos.
Ambos escriben sobre lo que observaron de la Catedral.
Cada quien cuenta desde su propia experiencia, lo que pudo contemplar.
¿Es prudente, sensato, juicioso, delicado, decente y sano, que entre ambos se entable una discusión que descienda hasta lo personal acusándose de mentiroso y manipulador entre otros epítetos degradantes?
Si el señor B le riposta que la Catedral no tiene torres, y le recomienda mirar bien ¿Dice la verdad?
Puede que estemos equivocados con este sencillo ejemplo.
Sabemos, que no es fácil. Pero, se puede aprender a respetar la opinión ajena. Dicen, que a eso se llama Tolerancia. Estamos en esa escuelita.





