Desde mi pluma
El caso Senasa explotó hace días en la opinión pública, pero con él nos damos cuenta de que el sistema de salud de nuestro país viene afectando a mucha gente desde hace meses.
Familias enteras han tenido que endeudarse para cubrir medicamentos que el seguro debía garantizar, ancianos de más de 80 años han quedado desprotegidos, y miles de dominicanos han sentido en carne propia lo que significa que ese mismo sistema le falle cuando más se necesita.
Lo que hasta ahora se investiga son procedimientos cobrados que nunca se hicieron, retrasos en pagos a clínicas y laboratorios, consecuencia quizá de un régimen subsidiado que creció sin control pero que al final, supuestamente se volvió “negocio”. Y eso, como país, no lo podemos permitir. Con la salud no se negocia, bajo ninguna circunstancia.
Es cierto que ahora se están tomando medidas importantes, auditorías, revisiones, suspensión de acuerdos y nos han dicho también un mayor control de los recursos. Eso da un respiro y envía un mensaje claro de que la situación no se puede dejar pasar.
Pero también es cierto que no podemos quitar el dedo del renglón hasta que se llegue al fondo del asunto y se establezcan todas las responsabilidades.
Con toda la intención de exagerar, esta crisis de Senasa no se puede manejar como otro caso más de corrupción o malversación, porque hay algo más que dinero en juego, hay algo más que cifras en rojo, son las vidas de los alrededor de seis millones de dominicanos que dependen de Senasa para acceder a servicios básicos de salud.
Que no se nos olvide que con cada irregularidad de este seguro, se podría estar poniendo en peligro el bienestar de alguien que no recibe un tratamiento a tiempo, en un niño o en un envejeciente que no accede a un medicamento.
Fuente; Listín Diario





