Recién había pasado la barrera de los 17 años de edad cuando, como todas las mañanas, me encontraba sentado en una mecedora en la pequeña sala de mi casa leyendo las noticias del Listín Diario en voz alta, a todo pulmón, imitando los locutores de Radio Mil Informando’. La mecedora estaba cerca de una persiana que daba a un callejón por el que los clientes de confianza entraban a seleccionar las carnes que le compraban a mi padre.
Esa mañana, como lo hacía dos y tres veces por semana, el cliente era Arturito Serrata, quien mientras le señalaba a mi padre el trozo de carne que quería, me escuchó leyendo noticias y le preguntó al viejo: ¿Y quién es ese? Ese es el rubio de la casa que sólo quiere estar embromando con las noticias.
Arturito dio la vuelta por el frente de la casa y entró. Me saludó y me dijo: ¿Te gusta la locución? Le dije que sí y me invitó a que en la tarde de ese mismo día fuera a ‘La Voz de la Libertad’, la emisora de Don Luís Pelegrín.
A las 3 y media allá estaba y me invitó a pasar a una salita de redacción en la que había un pequeño escritorio, dos sillas, una maquinilla ajada y una tijera para recortar las noticias de los periódicos de la mañana: Listín Diario y El Caribe.
Cuando recién me sentaba, entró un hombre de escasa estatura, con los ojos verdes, unas pastillas que le cubrían ambas mejillas y bigote frondoso y una rara voz. Era el Director de la emisora, a quien de inmediato Arturito me presentó al tiempo que me pasaba un pedazo de periódico que contenía una noticia.
Y le dijo al Director: Oye este muchacho. Leí al son del consabido temor y al terminar escuché al director decir: COÑOOOO, pero… ¿ y este gallo tapao, dónde lo encontraste? Ponlo de una vez a leer en el noticiero. Se llamaba ‘El Diario de Puerto Plata’ y comenzaba a las 4 y media, o sea, casi a la media hora de yo haber llegado.
El Director de llamaba: GERMAN CAMARENA GOMEZ.
Mientras lata en mi pecho eso que llaman corazón, habrá siempre un un sístole y un diástole de agradecimiento para tí CAMARENA…!!





