Ramiro Francisco
Los gobiernos tanto de izquierda como de derecha tratan de mantener sus pueblos tranquilos, dormidos y mudos, para que no protesten, y acepten las injusticias y los abusos, como algo normal que sucede en todas las sociedades.
A veces, se recurre al chantaje poblacional, y hasta al miedo, para mantener los silencios, y la mudez. Por eso, es que muchas veces sentimos, llegamos a creer, que la solidaridad, y la empatía, muere o desaparece.
Entonces, es evidente la dejadez, desidia, indiferencia, el “no me importa” “no es conmigo”.
Aumentan los abusos, homicidios, corrupción, impunidad, promesas incumplidas, pero como no nos toca, no nos importa.
Supuestos abusos de Politur, contra mujeres en Sosúa, presunta carencia de agua potable en diferentes sectores, apagones y alta facturación, alta inseguridad ciudadana, y es como si no existiera.
Es como si nos estuvieran implantando sin saberlo o darnos cuenta, el miedo. Temor por si protestas y llamas la atención, “te investigo a ver si tú pagas el agua, la electricidad o recibes algún beneficio del gobierno”.
¿Será eso que nos mantiene indiferentes y callados ante el alza de la factura eléctrica por ejemplo?
Las sociedades calladas o mudas, permiten a los malos políticos, a los insensibles, a los corruptos, continuar realizando sus atrocidades y eternizarse en el poder.
¿Cuál es la facturación eléctrica de un templo católico o protestante? ¿Pagan ellos la energía? ¿Pagan los pastores el consumo eléctrico de sus residencias? ¿No tienen alzas en su facturación?
Lo mismo preguntamos con nuestras principales autoridades, legisladores, Alcalde, Regidores, dirigentes políticos oficiales y de la oposición, ¿Pagan la luz?
¿A ellos por igual las facturas lucen altas?
¿A qué se debe entonces sus silencios? ¿La Cámara de Comercio paga energía eléctrica? ¿Lo hacen los colmados, discotecas, hoteles, supermercados, farmacias, tiendas, talleres, restaurantes?
¿Les llegan también a ellos, las altas facturas por consumo de electricidad?
¿Es tan solo esa situación, para los chancletudos hijos de Machepa, a los rebeldes, a los “malditos desgraciados y criticones?
¿Acaso temen que si protestan, les saquen a la luz sus deudas y atrasos?
Tenemos una realidad innegable. La extraña mudez en este particular, de la sociedad puertoplateña.





