EDITORIAL
20/11/2025 00:00|Actualizado a 20/11/2025 00:00
El Metro de la capital, otrora un símbolo de modernidad, atraviesa una crisis innegable que exige una respuesta contundente.
En los últimos cinco años, el sistema ha registrado al menos veinte fallas graves, una secuencia de interrupciones que no solo evidencia una gestión deficiente, sino que erosiona la confianza de los miles de ciudadanos que dependen de este servicio a diario.
La reciente avería en la Línea 2, ocurrida apenas con el nombramiento de un nuevo director en la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (Opret), es un reflejo de un patrón preocupante.
Esta vez, la excusa fueron las “vibraciones” por trabajos de construcción.
Si bien la administración actuó con rapidez para restablecer el servicio y ofreció buses alternos, las explicaciones técnicas ya no bastan.
La recurrencia de estos eventos apunta a un problema sistémico, no a incidentes aislados.
Fuente: Listín Diario





