Diciembre 30 del 2025.
Por: Roque J. de León B. (MAE).
Al concluir un ciclo de un año e iniciar el que le sucede, muchas sociedades: personas, instituciones público-privadas, empresas, gobiernos, pasan balance; unos de lo que planificaron, otros esperan un «milagro» por ilusiones y deseos soñados.
Para los seres humanos es importante revisar: su participación y crecimiento dentro de los grupos de la creencia que profesan, sus realizaciones personales y familiares, metas individuales de formación académica, avances profesionales, intelectuales y materiales; mientras que otros sólo desean que los dejen sobrevivir.
Las instituciones público-privadas revisan, proyectan y sí es necesario rediseñan sus diferentes políticas, proyectos y programas para adaptarlas a las realidades del momento y hacerse más eficientes en el logro de sus objetivos.
De igual forma el sector privado hace: estudios, proyecciones de ingresos, costos, gastos, utilidades, visualiza el desarrollo de nuevas áreas, busca oportunidades de innovadores proyectos de inversión y crecimiento; explora potenciales mercados.
Los Administradores del Estado tienen el deber de: revisar y planificar las políticas de crecimiento y desarrollo integral del país como un todo, para garantizar su sostenibilidad.
En nuestras sociedades tercermundistas, por falta de formación en las áreas de: planificación, ejecución, supervisión, control y evaluación, actividades y proyectos que deben redundar en beneficio para todos, al final reflejan resultados adversos.
En esta época del año en que todos deseamos y esperamos lo mejor, debemos hacer un alto para revisar por qué cada día las familias se desintegran con tanta facilidad y la conducta de algunos de sus integrantes deja tanto que cuestionar.
De igual manera es cuestionable que los empresarios tradicionales son sustituidos por personas que exhiben una gran opulencia de bienes materiales que ninguna autoridad se ocupa de investigar su origen hasta que explota un escándalo, asimismo en las instituciones público-privadas cada día son más débiles los controles y políticas de seguridad, lo que puede convertirse en un estímulo para la ejecución de actos ilícitos.
Mi más profunda aspiración es, que en las familias retornemos a la educación y formación en valores, para que desaparezcan las preocupaciones de combatir la corrupción en áreas prioritarias como: educación, salud, justicia, cuerpos de seguridad y, en los ministerios más importantes de cualquier gobierno.
Tengo la ilusión de que los habitantes nos conscienciemos y pasemos de ser individuos que seleccionamos autoridades, a las que luego no exigimos cuentas, para pasar a ser ciudadanos críticos que no sólo exigimos rendición de cuenta sino, transparencia en el manejo y uso de los bienes que pertenecen a todos.
ROQUE J. DE LEÓN B.
DIPLOMADO EN TÉCNICAS DE COMUNICACIÓN SOCIAL INTEGRAL.
MIEMBRO DEL SNTP Y DEL SINLOPP.




