Editorial |
La temporada ciclónica en el océano Atlántico comienza hoy hasta el 30 de noviembre con pronósticos de 15 ciclones tropicales, de los cuales ocho tendrían categoría de tormenta tropical, dos huracanes y otros dos de intensidad mayor, por lo que autoridades deberían de madrugar en la ejecución de un programa de prevención.
Este año la mayor actividad ciclónica se centraría en el océano Pacífico por donde se prevé pasarían entre 18 a 21 ciclones incluidos de cuatro a cinco huracanes mayores, lo que se atribuye al fenómeno El Niño, que provoca la cizalladora o cambio brusco de la velocidad o dirección del viento.
Aunque se prevé un menor número de ciclones a su paso por el mar Caribe y el océano Atlántico, no significa que se reducen los riesgos de desastre por efecto de algún fenómeno meteorológico que, incluso podría tener categoría de huracán de alto impacto.
Es oportuno advertir que las intensas lluvias y fuertes vientos provocan destrozos, inundaciones y deslizamientos con graves riesgos de pérdidas de vidas humanas, propiedades y daños severos a la agricultura, pecuaria e infraestructura hídrica y vial.
Para mitigar los efectos dañinos de una tormenta o huracán, se requiere que la población asuma una permanente conducta o modo de comportamiento anticiclónico, que permita a los ciudadanos adoptar de manera automática las medidas previsoras y conocer a pie de letra el protocolo a seguir.
Una familia debe saber con mucha antelación la ubicación de los centros de refugio habilitados por las autoridades, así como el momento oportuno para reforzar o proteger las estructuras de sus hogares y atender a pie de letra las recomendaciones del Comité de Operaciones de Emergencias (COE).
El avance tecnológico permite precisar a tiempo la ubicación, dirección, velocidad y fortaleza de un ciclón, por lo que las autoridades deberían siempre mantener un perfil de trabajo previsor y pro activo, sin espacio para excusas o justificación de negligencia.
A partir de este día y durante los próximos seis meses Gobierno e instituciones de auxilio y socorro están compelidas a poner en práctica el programa de mitigación de riesgos ciclónicos, en tanto que la población tiene el deber de preparar su entorno ante cualquier eventualidad, en el entendido de que el paso de un solo huracán puede causar una devastación igual o mayor que las ocurridas en el pasado. Mejor es prevenir.
Editorial El Nacional





