Nuestros estudiantes, como diría don Bernardo Vega, no son los únicos que tienen dificultades con la lectura comprensiva en el aprendizaje. A propósito del plan fiscal propuesto por el Gobierno para mitigar el impacto de la crisis internacional y garantizar la estabilidad y el crecimiento, se ha evidenciado que la oposición padece la misma incapacidad para interpretar el panorama social y político en coyunturas como las actuales. Al no sopesar con objetividad la realidad incurrió en errores que cuestionan su visión.
Al objetar e incluso solicitar que fuera retirado el proyecto con el que el Gobierno pretende recaudar entre 40 mil y 50 mil millones de pesos, los partidos opositores confundieron las perspectivas. Tal vez pensaron que tras montarse en la ola que pulverizó la reforma fiscal presentada en 2024 su papel fue determinante para que el Gobierno desistiera de la iniciativa.
Asumieron la decisión como una victoria y creyeron que la indignación de todos los sectores era contra el Gobierno y no contra la insensata propuesta tributaria. (En realidad, es posible que la indignación contra el Gobierno tuviera cierto fundamento, pero no en las razones que pudo entender la oposición. Amplios sectores cuestionaban, y todavía cuestionan, que se castigue a la población con más tributos, en tanto la corrupción del pasado todavía está impune).
La oposición erró al considerar que el rechazo a la reforma de 2024 era sinónimo de simpatía. Y es la razón por la que esta vez, tras negar el impacto de una crisis que elevó de 65 a alrededor de 100 dólares el precio del barril del petróleo, apeló a la misma estrategia o narrativa, con un tanto de engreimiento, posiblemente estimulado por las encuestas que presentan una estrepitosa caída en el nivel de preferencia del PRM y un ascenso en las fuerzas que durante 16 años detentaron el poder. Pero, por deficiencia en la lectura del panorama, también perdió de vista que los sectores que en el pasado rechazaron la reforma de 2024, se identificaron en esta ocasión con una propuesta frente a una crisis que está a la vista, que se palpa y sufre. Y que para enfrentarla el Gobierno se ha cuidado de proteger a la clase media y los segmentos más vulnerables, cargando contra los más pudientes el peso de las contribuciones.
Y como feliz coincidencia, en medio del escarceo se produjo la sentencia que condena desde 10 hasta 20 años de prisión y ordena el decomiso de su patrimonio de los militares y civiles imputados en el escándalo de corrupción denominado Coral. Si la oposición, como nuestros estudiantes, se concentraran más en la lectura del panorama no hubiera incurrido en errores que traducen debilidad en su incidencia social y fortaleza de la imagen del Gobierno.
Fuente: El Nacional





