La historia dominicana está llena de hombres y mujeres que dejaron una huella imborrable en la política, el periodismo y la lucha por la democracia sin haber culminado una carrera universitaria.
Muchos de ellos entregaron incluso su vida por defensores de ideales de libertad, justicia y dignidad, demostrando que el valor de una persona jamás puede medirse únicamente por un diploma.
La formación académica constituye, sin duda, una herramienta invaluable para el desarrollo profesional.
Nadie puede negar el aporte de las universidades en la preparación de periodistas, abogados, médicos o ingenieros. Sin embargo, también es cierto que un título universitario, por sí solo, no garantiza ética, integridad, independencia ni compromiso con la sociedad.
La experiencia demuestra que existen excelentes profesionales sin estudios universitarios completos, al igual que abundan titulados que han olvidado los principios más elementales de la honestidad y la responsabilidad pública.
En el periodismo esa realidad resulta aún más evidente.
El ejercicio de informar exige conocimiento, capacidad de análisis, rigor investigativo y respeto por la verdad, pero también demanda valentía para cuestionar al poder y sensibilidad para comprender los problemas de la gente.
Son cualidades que no siempre se aprenden en un aula y que, muchas veces, se forjan en las calles, en las redacciones y en décadas de trabajo cotidiano.
Resulta preocupante que todavía existan sectores empeñados en desacreditar a periodistas únicamente porque no poseen un título universitario.
Esa descalificación, además de simplista, refleja una profunda pobreza argumentativa.
En lugar de debatir las ideas o rebatir los hechos, algunos prefieren atacar las credenciales académicas del interlocutor.
Ese no fortalece el recurso democrático; por el contrario, lo empobrece.
En muchos casos, las circunstancias económicas, familiares o personales obligaron a numerosos comunicadores a abandonar sus estudios universitarios para incorporarse al mercado laboral o emigrar en busca de mejores oportunidades.
Ello no les impidió seguir preparándose mediante institutos especializados, cursos, seminarios y, sobre todo, mediante la práctica constante del oficio.
Esa ha sido también la experiencia de muchos periodistas dominicanos formados en instituciones como el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP) , cuyo programa académico permitió preparar durante décadas a destacados profesionales de la comunicación que luego realizaron importantes aportes al periodismo nacional.
El verdadero prestigio de un periodista no descansa únicamente en un certificado enmarcado en la pared. Se construye con credibilidad, independencia, coherencia y respeto hacia el público.
La sociedad necesita periodistas preparados, sí, pero también periodistas íntegros. La combinación ideal es la formación académica acompañada de valores éticos sólidos. Cuando uno de esos elementos falta, el.
El periodismo es, ante todo, un compromiso permanente con la verdad y con el derecho de los ciudadanos a estar informados.
Esa responsabilidad trasciende cualquier credencial universitaria.
Porque, al final, la historia suele recordar más a quienes tuvieron el coraje de informar con honestidad que a quienes simplemente acumularon títulos.
Fuente: El Nacional





