La muerte el viernes en la tarde del joven Darlin Mercado Reyes a manos de un integrante de una patrulla de la Policía, en el sector de Herrera, de Santo Domingo Oeste, ha lacerado muy profundamente la médula de la sociedad dominicana, a la que ese acto de brutalidad indigna y acongoja grandemente.
El presidente Luis Abinader, la ministra de Interior, Faride Raful, y el director de la Policía, Andrés Modesto Cruz Cruz, deploraron tan bochornoso crimen y reclamaron sanciones ejemplares contra el cabo José Francisco Moreta Heredia, autor de un homicidio que marca un nuevo punto de inflexión en esa institución.
Ese brutal episodio, perpetrado a plena luz del día por un agente policial contra un ciudadano indefenso, como muchos otros, se conoce en su real magnitud por las evidencias aportadas por cámaras de videos operadas por ciudadanos o instaladas en las vías públicas, lo que evita recurrentes e irresponsables tergiversaciones.
La efectividad del proyecto de reforma policial, que se encamina desde el 2020 y que ha implicado inversión por miles de millones de pesos, queda otra vez en entredicho con el deceso de un joven de 18 años a manos de un policía sin entrenamiento, pero con evidente voluntad de asesinar.
Las autoridades fueron diligentes en enviar a ese agente homicida al Ministerio Público, con reclamos del jefe del Estado, ministra de Interior y director policial, de que se apliquen sanciones proporcionales a la magnitud del crimen, sin reparar que hace tiempo que la Policía como institución está sentada en el banquillo de la ojeriza social.
Además de nuevos equipos, uniformes, aumento salarial, un proyecto de reforma policial engavetado en el Congreso y la divulgación de estadísticas sobre comparación de homicidios por delincuencia u ocasionados por conflictos sociales, la sociedad aun anhela una policía con protocolo que excluya ejecuciones y violaciones a los derechos de detenidos.
La tragedia acaecida en el sector de Herrera enluta e indigna a esa colectividad y a la sociedad toda porque el muchacho asesinado nunca constituyó peligro alguno para el agente que le disparó a mansalva y a vista de otros policías, y porque era un ciudadano de bien, honrado y muy querido en su entorno.
El agente homicida, tildado de animal por el mandatario, seguramente será condenado a máximas penas por el crimen cometido, pero penosamente y a pesar del proceso de reforma policial, en esa institución aún hay muchos otros “animales”, acostumbrados a matar y reprimir por propia voluntad o por mandato de terceros. Es tiempo de emprender una reforma a la reforma.
EDITORIAL El Nacional





