Antes del asesinato por un agente de la Policía del joven Darlin Mercado en el sector Guajimía, Herrera, habían ocurrido distintos sucesos que demandaban una movilización contra el patrón criminal que desde hace tiempo ha caracterizado la conducta del cuerpo. Un recuento de los crímenes sería prolijo, pero a manera de ejemplo pueden citarse atropellos como el protagonizado en abril de 2022 nada más que por una coronela contra el defensor del Pueblo cuando este, acompañado de otros funcionarios y periodistas, trató de verificar denuncias de corrupción con la retención y devolución de motocicletas en el canódromo El Coco. El alegato de la oficial que atacó a los comisionados con un taco de billar y que como sanción apenas fue removida como encargada de las operaciones, fue que los confundió con intrusos.
En junio de 2025 se registró otro incidente que disparó todas las alarmas sobre las brutalidades de la Policía. Una patrulla acribilló a cinco personas en una plaza comercial de La Barranquita, en Santiago, y la dirección del cuerpo no solo trató de justificar la masacre alegando que se había tratado de un intercambio de disparos, sino que dijo que un agente, a quien nunca identificó, había resultado herido en la balacera. Porque el cuerpo, como en la ejecución de cuatro militares detenidos en una cabaña del 12 de Haina y de otros casos, se ha amparado en la impunidad que ha rodeado sus acciones para crear su propio relato.
En la radiografía que hizo de la estructura de la Policía, el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, señala la impunidad y la corrupción como dos de los obstáculos que limitan un servicio más eficiente de la institución en materia de seguridad ciudadana y garantía del orden público.
El presidente Luis Abinader, desde que asumió el poder, se ha propuesto impulsar una reforma de la Policía a través de un conjunto de cambios en los ámbitos de la cultura, estructura, formación, educación y otros aspectos, que puede decirse que inició con la triplicación del salario de los agentes, equipamiento, transporte y otros beneficios como base para mejorar el servicio y evitar, aunque sea poco a poco, que los agentes se dejen tentar por la corrupción.
Nada ha sido ni será fácil en una institución con tal grado de descomposición en sus filas y con tantas islas controladas por generales. Son contados los altos oficiales que carecen de bienes suntuarios difícil de justificar con sus ingresos ordinarios.
La reforma, que no es la panacea, puede servir para convertir en aislados crímenes como el de Darlin, casos de corrupción y reducir la impunidad. Pero aún con la ley se necesita voluntad, que es lo que ha faltado, para que la transformación del cuerpo no se reduzca a mero maquillaje.
Fuente: El Nacional





