Tal parece que la intempestiva destitución de Andrés Modesto Cruz Cruz de la dirección de la Policía antes de cumplir seis meses en el cargo ha generado interés en buscar la quinta pata al gato. En ese esfuerzo se han enarbolado planteamientos tan ridículos como el que postula que Cruz Cruz fue relevado por descubrir un supuesto escándalo de corrupción en el cuerpo que el Gobierno estaría interesado en ocultar. (Apañar la corrupción no está entre las debilidades que se puedan atribuir a la actual gestión).
Los cuestionamientos que se han expuesto sí evidencian, por lo visto, una clara oposición al proceso de transformación y profesionalización de la institución, en que a todas luces se empantanó el saliente oficial. Si vamos por parte, encontramos que tras la muerte del jovencito Darlin Mercado por un agente de la Policía en un operativo en Guajimía, Herrera, afloró la primera contradicción en la gestión de Cruz Cruz con la reforma del cuerpo cuando la académica Mu Kien Sang, de la comisión que trabaja en el proceso, declaró que el homicida no era egresado del programa de formación implementado para humanizar y profesionalizar el patrullaje.
No había que ofrecer más detalles para entender la resistencia de una vieja estructura a cumplir con las nuevas disposiciones, que al parecer convirtió en rehén a Cruz Cruz.
Se ha documentado que las indignantes ejecuciones de reales y supuestos delincuentes a través de los desacreditados intercambios de disparos antes que reducirse se incrementaron en la jefatura de Cruz Cruz. Si se efectuaron no se conocieron los resultados de investigaciones en que parientes de víctimas denunciaron que estas fueron acribilladas por agentes. En esos casos permea la duda sobre la complicidad de agentes con estructuras criminales, a cuyos miembros eliminan para silenciarlos.
Cruz Cruz reconoció que había cometido errores, aunque ni por asomo citó alguno. Sin embargo generó confusión al exhortar a los agentes a que hagan siempre lo correcto, aunque les cueste el cargo. Puede ser un mea culpa, pero también deja la duda, que es la que se ha querido ventilar, de que pagó el precio de su verticalidad.
La verdad es que una Policía plagada por la corrupción, con exceso de generales y con agentes que solo conocen la represión como norma para garantizar el orden público y preservar la seguridad ciudadana, no podía dirigir su propia reforma. Era como mandar la carne con el gato. Había que contratar, como se hizo, expertos nacionales y extranjeros para gestionar el proceso. No hay que hacer ningún paréntesis para recordar que la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, detectó irregularidades en noviembre de 2024 con el trasiego de municiones a raíz de lo cual hay varios oficiales sometidos a la justicia.
Para quienes se han propuesto buscar la quinta pata al gato, hablando hasta de derecho adquirido para oficiales atrincherados en el cuerpo, la mejor respuesta sobre la destitución de Cruz Cruz la ofreció, a mi juicio, su sustituto en el cargo, Ernesto Rafael Rodríguez García, cuando anunció que impondrá la disciplina y el liderazgo en la institución y conminó a los oficiales y funcionarios a cumplir ante la Cámara de Cuentas con la declaración jurada de bienes.
Para más, Rodríguez García se permitió gestionar ante el Congreso la aprobación de la ley para reformar el cuerpo, que, en definitiva, es el único recurso para un eficaz saneamiento de sus estructuras internas.
Fuente: El Nacional




