Ramiro Francisco
Eduardo Díaz Guerra, escribió recientemente:
“¿Qué hubiera pasado si, al escuchar a don Alvarito Arvelo pronunciar la primera sarta de malas palabras, sus compañeros del programa de radio le hubieran parado el coche? «¡Espérese un momento! Este es un programa que se respeta, y usted no puede hablar así, porque nos está escuchando GENTE DECENTE!».
¿Qué hubiera pasado si al escuchar un «tema» del bien llamado «perreo», el programador (o el dueño o director) de la emisora hubiese dicho «No, imposible. En esta emisora no bregamos con rastrerías»?
La INDECENCIA no es de ahora. La INDECENCIA ha llegado a más personas porque existen las redes.
Necesitamos una vuelta de tuerca.” Fin de la cita.
¡Cuántas verdades! ¡Cuánta responsabilidad y deber ciudadano, sin pensar en el qué dirán!
Por aquel entonces, hubo silencio. Se trataba de Don Alvarito. Había que evadir el pleito. Y el MONSTRUO creció y fortaleció, hasta nuestros días.
En la actualidad, da asco, lo que escuchamos en algunos programas de radio y televisión, y leemos en algunas plataformas digitales.
No solamente por aquel entonces. ¡Ahora! Un silencio sepulcral, como si esos temas no nos interesaran. ¡Tanto que hablamos del retorno de la Moral y Cívica, a las escuelas!
Hay canciones que hablan del Silencio, que son hermosísimas.
El famoso tango compuesto por Carlos Gardel, Horacio Pettorossi y Alfredo Le Pera …”Silencio en la noche, ya todo está en calma…” Silencio, de la pluma de Rafael Hernández Marín, y que magistralmente interpreta Danny Rivera “Silencio…están durmiendo, los nardos y las azucenas…” extasían el alma.
Pero los silencios sociopolíticos en sociedades como las nuestras con aperturas democráticas, son imperdonables.
Si hoy se investiga sobre la muerte de neonatos en algunos hospitales dominicanos, se debe a que no hubo silencio. Se hicieron críticas y demandas y las autoridades de Salud Pública, juegan su papel.
Si el MONSTRUO de la indecencia, el lenguaje soez, rastrero y chabacano, lo continuamos utilizando en nuestros programas de radio y televisión, se debe a la irresponsabilidad de dueños, administradores, y de los mismos compañeros de panel.
Más, si añadimos quienes pagan publicidad. Gobierno y sector privado, quienes a veces inocentemente mantienen vigentes esos focos pestilentes de contaminación.
Despertemos antes que el MONSTRUO no devore.





