Elecciones
La peor de todas las decisiones de un ciudadano en un país como el nuestro es la de no acudir a las votaciones; o mas abarcadoramente hablando, “no ponerle asunto a la política”.
Tenemos 34 partidos y ocho movimientos aprobados por la Junta Central Electoral.
Sin embargo, en las elecciones pasadas, 46% de los dominicanos residentes en el país no votó, y 80 % de los residentes en el extranjero tampoco lo hizo.
Parecería que los dominicanos preferimos ser tenidos por “buenas gentes”; expresarnos en YouTube, “emisoritas y programitas” de radio o televisión y ocasionalmente salir a las calles a protestar; o más cómodo aún, hacer música desde sus ventanas con unas ollas viejas y un cucharón, acaso al compás de un merenguito o de una pichanga en boga. Y, tal vez, asistir a una convocatoria cada cuatro años a protestar junto a partidos de la oposición que cuando gobernaron no se ocuparon de lo mismo por lo cual en esas ocasiones se protesta contra el gobierno de turno.
Lo cierto es que los medios modernos de comunicación y de computación de la Inteligencia Artificial nos están cerrando las bocas, y atrofiando la inepta, parapléjica y semianalfabeta capacidad de los dominicanos de entender los problemas nacionales y locales y de conceptualizarlos de manera operativa; esto es, traducirlos a posibles acciones de acuerdo con los recursos con que contamos; que no son pocos, aunque preferimos no concienciarlos ni utilizarlos.
Tampoco intentamos asumir algún partido o movimiento político. Y no se diga que son todos corruptos o ineptos, pues hay de todo tipo, aunque los preferidos no son siempre los mas honrados sino los dos o tres que tienen claras posibilidades de ganar elecciones.
O sea, que se trata de tamaña actitud oportunista.
También, a muchos les encanta hablar de nuestras glorias pasadas, de lo fundacional, los patricios, la Trinitaria y todo lo lindo que suena eso de “Dios, Patria, Libertad”.
Pero la Trinitaria no era un simple poema, sino una lección de iniciativa y creatividad en pro de los ideales humanistas y espirituales más elevados conocidos por la raza humana y por nuestra criolla mezcolanza de razas y culturas.
La patria es un proyecto, no es un poemita ni un comercial para repetirlo en los días festivos, en ferias y desfiles organizados para festejarnos a nosotros mismos; ni para honrar más a los funcionarios presentes que a los ausentes que hoy moran en los altares de la Historia y los espacios celestiales.
¡La patria hay que asumirla! Para luchar por ella desde partidos, movimientos y acciones y puestos relevantes, estratégicamente apropiados.
No se trata de parpadear frente a la agresión tecnológica que nos penetra a la velocidad de la luz; ni de quejarnos del invasor que nos anula, a quien solemos unirnos, o darle tratamientos excesivamente consecuentes.
Ni mucho menos de conformarnos con detractar y maldecir políticos, acaso mejor formados e intencionados que muchos que solo saben “quejarse y lloriquear como mujeres lo que no saben hacer como hombres”.
Fuente: Hoy





