Hace sesenta y tres años el país democrático que a duras penas se había logrado construir después de 31 años de la dictadura más sangrienta del Caribe vivía horas aciagas, un retroceso que repetía los tristemente célebres golpes de Estado ejecutados por militares “salvadores” aliados con sectores civiles y poderosos intereses foráneos.
Era miércoles, de madrugada, cuando tropas del ejército, apoyadas por civiles y con el visto bueno del norte, derrocaron al gobierno legítimo, surgido de la voluntad popular libremente expresada en las urnas, del profesor Juan Bosch y pusieron fin a un breve mandato de apenas siete meses.
Paradójico que mientras con aquel gobierno de Bosch la nación comenzaba a dejar atrás la ominosa tiranía de Trujillo que durante treinta años gobernó a sangre y fuego, aquel golpe de Estado abría un periodo de represión, persecuciones y pérdida de las libertades democráticas.
Haber cercenado la voluntad legítima del pueblo expresada en las urnas el 20 de diciembre de 1962, trajo como consecuencia el 24 de abril de 1965, cuando el pueblo en armas, liderado por civiles y militares progresistas, agitó la consigna del Retorno de Bosch y de la Constitución de 1963.
Cuatro días después, el 28, se produjo la grosera intervención militar de Estados Unidos a la República Dominicana, soldadesca que pisoteó nuestro suelo pero tuvo de frente a miles de dominicanos alzados en defensa de la democracia y de la dignidad nacional.
Hoy, a 63 años de aquella imperdonable asonada, rescatamos la hombría de bien y el patriotismo de Juan Bosch, mientras los nombres de implicados en el injustificable golpe, algunos de los cuales aún pululan por ahí, ya figuran en el basurero que la historia reserva a los que traicionan a su patria.
Es importante recordar ese episodio histórico, para dejarles claro a las presentes generaciones que los responsables fueron poderosos intereses externos, con aliados internos que temían ver reducidos sus privilegios y pretendían mantener las riquezas nacionales en sus manos y en las de extranjeros.
Fuente: El Caribe




