Para cada crisis, se multiplican los análisis y desbordan las soluciones; pero, si no se conoce con buen fundamento el origen de esas crisis, las páginas y las conclusiones producidas por los analistas, vienen a ser basura olvidada por la fuerza de la inconsistencia y sus falsos fundamentos.
Haití fue una colonia negra francesa, alimentada con esclavos traídos en los cepos de los barcos negreros desde el corazón de África; su origen y la superioridad del poder europeo que los sometió, nunca permitieron una mezcla racial que les permitiera desprenderse de la cultura africana de sus pueblos de origen.
Por esta razón, los pobladores de una porción de una isla en el Caribe, siguieron siendo africanos con creencias y costumbres como las de sus ancestros, aunque viven a enormes distancias de sus lugares de origen; por esta misma razón, no han importado siglos de separación de sus ancestros esclavos con los pobladores actuales de Haití; los haitianos siguen siendo africanos.
Y los africanos resuelven sus problemas en la crudeza de su existencia y en la barbaridad de sus costumbres. ¿Qué tan alejada está la historia de la humanidad de la matanza de Ruanda? Ocurrida entre abril y julio de 1994; el gobierno bantú de Ruanda, dominado por los hutus, intentó exterminar toda la población tutsi, en un genocidio de cerca de 1 millón de seres humanos.
Masacrar 300 mil personas en 48 horas, es algo inaudito en toda la historia de la humanidad; y eso ocurrió ante los ojos de la civilización más avanzada de todas las que hemos conocido; con una ONU con sede en Nueva York y con influencia en todas las naciones reconocidas.
El error más aberrante, de quienes hablan de resolver la crisis haitiana, es creer que el pueblo haitiano puede vivir en el juego democrático. La democracia sólo puede florecer, donde el capitalismo haya hecho cosecha y sembrado las bases para la lucha política civilizada; y eso es imposible donde las culturas enarbolan la violencia como única vía para imponer el poder.
Estados Unidos de Norteamérica se retiró de Afganistán, tras 20 años de guerra con muchos miles de víctimas humanas, más cientos de miles de millones en pérdidas materiales; todo esto tratando de imponer la democracia a una sociedad tribal que ha vivido rechazando salir de sus costumbres existenciales.
Esto ha demostrado que la democracia no se impone, donde no existan condiciones materiales de existencia humana, y donde no haya una cultura capaz de asimilarla.
Los periodos más largos de estabilidad en Haití, han sido sus tiempos de dictaduras. En el siglo pasado, con la dictadura de Trujillo del lado este de la isla, y con un gobierno de mano dura dentro del propio territorio haitiano, ese país vivía tiempos estables, sin luchas internas, y eso se prolongó en el tiempo con la dictadura de François Duvalier y su hijo.
Luego de desalojar a Jean Claude Duvalier del poder en la década de los 80s del siglo pasado, Haití cayó en la inestabilidad de los golpes de estado militares; los jefes principales del ejército, se creían con derecho de sucesión y se sublevaron contra los gobiernos que debían proteger; eso creó la errónea idea a lo interno del país y fuera de él, de que suprimir el ejército haitiano era una solución.
La situación actual en Haití
El Estado Haitiano debió mantener el monopolio de la fuerza, manteniendo un ejército capaz de defenderlo; esa sola condición, le ahorraría al pueblo haitiano las miserias y masacres por las que pasa en los momentos actuales. Las bandas armadas son un producto social, de lo que ha venido a ser la sociedad haitiana sin una fuerza de contención.
La barbarie que hoy se esparce por el territorio haitiano, llegó en los genes de los esclavos amarrados a los cepos de barcos negreros salidos de los puertos de África; el rencor y el odio incubado por siglos de maltrato y esclavitud se revelan en sus descendientes, como un desprecio irracional a cualquier tipo de ordenamiento o autoridad.
No puede haber una solución haitiana al margen de los haitianos; la participación de los organismos internacionales, sin conocer la esencia del problema es inútil.
La ONU debe constituirse en el escenario, para enmarcar una cumbre de países latinoamericanos, con capacidad de crear un fideicomiso internacional que, apoye un gobierno de mano dura constituido por haitianos que, sea capaz de crear un ejército numeroso, conocedor de Haití y que tenga como meta principal eliminar las bandas criminales.
Solo un haitiano, consciente y corajudo puede iniciar la tarea de resolver la crisis de Haití; ¡no hay mejor cuña que una astilla del mismo palo!
of-am
Fuente: Al Momento





