EDITORIAL
En estos tiempos de combustibles muy caros, disponer de un tránsito fluido es una necesidad urgente.
Con alguna frecuencia , la autoridad del tránsito anuncia “planes” para hacer frente al caos y todos terminan chocando con un valladar.
Al confundir acciones, la mayoría de las veces improvisadas, con planes bien calculados, los resultados son nulos.
Problemas estructurales
Cuandolos conductores tratan de entrar al Distrito Nacional desde la avenida Las Américas, caen en un tapón en las horas pico.
La razón: el grueso del tráfico de cuatro carriles se acumula en el puente Juan Bosch, de seis carriles, y se atasca al llegar al elevado de la 27 de Febrero, de solo dos, un puro embudo.
El resultado es una congestión a lo largo de varios kilómetros del elevado y una gran cola en Las Américas.
Como ese, hay varios puntos en la ciudad que crean un corto circuito de tapones que forman un caos.
Rol de la autoridad
Ante este pandemónium, los agentes del tránsito se dividen las tareas: una parte está viabilizando la circulación y otros recaudando dinero mediante multas.
Es cierto que la gestión de tránsito necesita prevención, viabilización y castigo para las infracciones.
En situaciones como la actual, con un parque vehicular tan alto, vías estrechas, conductores imprudentes, la prioridad debe ser la prevención y la viabilización.
La prioridad
La cantidad de agentes que libreta en manos se dedican a poner multas, a retener vehículos de forma ilegal, debe ser colocada en las vías para facilitar el tránsito.
Contribuye más a vencer el caos que un agente en una intersección evite que las motocicletas ocupen el paso de peatones, que emplearse solo en ser cazadores de multas.
Sugerimos al Intrant hacer dos pruebas: Todos sus agentes a la calle durante una semana a facilitar el tránsito, sin multas.
La semana siguiente: Todos los agentes libreta en manos a poner multas a los infractores, sin viabilización.
La evaluación de estas pruebas puede ser sorprendente y arrojar luz sobre cuál es la prioridad.
Porque ya sabemos que el equilibrio no funciona y consagra privilegios, y por tanto se impone innovar, probar y enmendar, pero no quedarse de brazos cruzados dizque porque “ esto nadie lo arregla”.



