Hace unos días escuché al periodista y escritor dominicano Miguel Guerrero hablar acerca de lo que le falta a la educación de nuestro país. Me pareció sumamente interesante uno de los aspectos que destacó en su reflexión: la ausencia, en la educación dominicana, de ciertos valores relacionados con el honor y la responsabilidad de los profesionales, que van mucho más allá de los contenidos curriculares.
Coincido con él, porque hay valores que no se consiguen con un diploma.
La preparación académica forma excelentes profesionales en muchas áreas, pero no necesariamente los dota de valores humanos que se ponen de manifiesto a través de su conducta.
La honestidad, la honra, la decencia y el don de gente son algunos de esos valores humanos que trascienden las posiciones sociales, el poder económico y la formación profesional.
En ese sentido, tal como comentaba Miguel Guerrero, existen profundas lagunas éticas que no forman parte de la enseñanza dominicana. Esa es una tarea pendiente de la que poco se habla, a pesar de que esos valores son esenciales y desempeñan un papel fundamental en el comportamiento profesional de las personas.
Conocemos profesionales a los que no les caben más títulos académicos, pero su reputación no vale un centavo, porque nunca honran sus compromisos y su palabra no merece ningún crédito.
La sociedad necesita profesionales preparados que, además de saber construir un gran puente, una carretera, una cirugía, entre otras responsabilidades, sepan porqué deben hacer las cosas correctamente.
Uno no sabe hasta qué punto el descrédito de muchas figuras de la política, del arte y otros ámbitos de la sociedad está relacionado con esa ausencia de valores que impide distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.
De ahí surgen la falta de transparencia, la deshonestidad y la irresponsabilidad, entre otras conductas que tanto daño hacen a nuestra sociedad.
La conciencia moral y la firmeza de los valores personales deben estar presentes en los programas educativos, pero sobre todo, deben cultivarse en el hogar. Porque la educación puede otorgarnos conocimientos y títulos, pero son los valores los que nos enseñan a honrarlos.
Fuente: Listín Diario





