Ramiro Francisco
A mi hija Gladys Noemí Francisco Valdez
Tal vez usted pueda calificar en su propia realidad, quien o quienes han sido los presidentes de la República Dominicana o de otros países, más sencillos y humildes en contraposición a aquel o aquellos, catalogados de más arrogantes y altaneros.
Funcionarios en cualquier posición o escala del gabinete que a veces olvidan, que esas posiciones en el campo de la administración pública son efímeras, pasajeras y hasta momentáneas.
Si me correspondiera entablar una conversación-entrevista con un ex presidente, me enfocaría en conocer, que nos contara su experiencia de ese primer día y primera semana que pasó en su casa, luego de salir de la presidencia de la República.
Por supuesto, algunos de nuestros lectores pensarán, que los días o el tiempo tras haber pasado unas elecciones y no resultar ganador si participaba como candidato, que ese tiempo antes de la entrega del poder, es un verdadero maestro para el Presidente que pronto dejará de serlo.
Y como tal, le recuerda que nada es eterno. Que el poder político es cambiante. Que los aplausos, alabanzas y pleitesías terminan.
Que los viajes y traslados en el vehículo presidencial llegan a su fin, como ese último día luego de terminada la ceremonia de traspaso de mando, es conducido hacia su residencia junto a algunos familiares y dejado allí, como un simple pasajero de un taxi.
¡Ah, si algún ex presidente se atreviera a contar!
Entonces se re encuentra con Tony el jardinero, varios años sin verlo y saludarlo. Berta la que ayuda a lavar en la casa, a quien abraza con ternura y recibe el cariñoso saludo de Persio, quien hace los mandados a la familia.
No alcanza a ver el guardia parado a un lado del jardín. Desconoce si lo habrán trasladado.
Lo mismo pasa con Tiburón, el perro bolo color negro a quien solo veía de lejos mientras era presidente. Se acerca meneando la cola en señal de alegría. Y Tato el gato, se hace sentir correteando y subiendo a los pequeños arbustos del jardín.
Unas gruesas lágrimas al salir, refrescan el caliente rostro del ex presidente. ¿Nostalgias? ¿Cuáles pensamientos habrán hecho presencia?
Ya en la noche, juntos ven las noticias, los comentarios, los análisis, los aciertos y desaciertos de su gestión salen a relucir. Las luces y sombras de él y sus funcionarios.
Más sombras que destellos al depender del medio y de quien sea portavoz, entonces empieza a entender…
Al día siguiente bien temprano hace su rutina de siempre. Traje puesto, corbata impecable, zapatos relucientes. Se le nota impaciente y extraño.
No le ha llamado el Obispo, ni el Ministro de Hacienda, el de Aduanas tampoco. No lo ha hecho el Director de la Policía, ni el de la guardia, menos el de la Fuerza Aérea –que raro- piensa para sus adentros.
Se acerca un poco a la ventana que da a la calle y no alcanza a ver ese cotidiano movimiento de policías, militares y personal de civil en todo el perímetro. E l vehículo impecable que lo ha de llevar, tampoco ha llegado.
Ya había tomado café y su desayuno. Se acerca doña Cachimba, su esposa –que bonito y elegante te ves- le dice.
El la abraza. Ella le pregunta: ¿A dónde vas? –Al palacio- Él le dirige una tierna y dulce mirada. –a lo de siempre-
Doña Cachimba con más ternura le dice –recuerda que ya no eres presidente-





