Ramiro Francisco
A Don Renato Ferrero en Argentina y Miguel Astudillo en Chile
Sin ahondar demasiado, use o no, la Inteligencia Artificial, siempre encontrará como respuesta, que “el miedo al qué dirán”, tiende a dejarlo inactivo, mudo, a aceptarlo todo “para no meterse en problemas” y olvidar, que no es posible caerle bien a todo el mundo.
De ahí que, como si fuéramos participantes de un concurso de belleza tenemos bien presente que “calladitos, nos vemos más bonitos”.
Sin existir disposición legal que nos limite, gira en nuestros cerebro como planetas al Sol, aquello de “el miedo al qué dirán”.
No formulamos palabras y menos la expresamos ni escribimos. Es como si viviéramos en un mundo paralelo y ajeno a la realidad. Nos tornamos indiferentes. Ciegos, sordos y mudos.
Las revoluciones buenas o malas, justas o injustas, se dan por la diversidad de pareceres, opiniones y visiones que tienen sus protagonistas en momentos determinados.
La llamada Reforma Protestante, es producto de lo que afirmamos. Los procesos independentistas en su mayoría, nos dejan las mismas notas de créditos.
Exposiciones, rechazos, burlas, respuestas, amenazas, enemistades, entendimientos.
Por ese “miedo al qué dirán”, es que suceden las divisiones o rupturas en los partidos políticos, sindicatos, empresas e instituciones. Se fracturan los gobiernos. Alguien notaba las SEÑALES, y nunca tomó parte ni se armó de valor para llamar la atención y prevenir a tiempo.
Esa mudez, desidia y dejadez, es fatal. Lo que llevó años, sacrificios y desvelos en construir y fortalecer, se desmorona en partícula de tiempo, debido a la indiferencia.
Seamos cantores. De aquellos que menciona Horacio Guarani
Que no calle el cantor porque el silencio
cobarde apaña la maldad que oprime,
no saben los cantores de agachadas
no callarán jamás de frente al crimen.
‘Que se levanten todas las banderas
cuando el cantor se plante con su grito
que mil guitarras desangren en la noche
una inmortal canción al infinito’.
Si se calla el cantor. . . calla la vida





