La independencia es la genuina expresión de libertad en una sociedad mediatizada. La peor crisis se genera por la ausencia de la libre expresión del pensamiento que se percibe en medios cargados de interlocutores comprometidos, en su mayoría con intereses políticos y económicos que enmascaran la realidad política y social y obstaculizan un periodismo que no debe comprometer la práctica de un pensamiento en su libre expresión.
En épocas pasadas los hombres defendían los principios arriesgando su estabilidad económica. Hoy la simulación de los principios se exhibe en discursos demagógicos y en falsas promesas. La crisis de principios y compromisos con la verdad ha creado una lucha de intereses con un costo social muy alto, que se traduce en corrupción a todos los niveles y estamentos del Estado.
Cuando no hay independencia se recurre a la distorsión de la información, comprometiendo vergonzosamente el análisis para justificar remuneración. Se lacera la ética y la moralidad, apadrinadas por grupos influyentes en detrimento de los mejores intereses de la sociedad.
Debemos preservar los principios con el respeto y credibilidad en la sociedad en que vivimos. Sin independencia de criterio no puede haber respeto y sin respeto, no afloran los principios. El real crecimiento y la veracidad en la comunicación es respirar un oxigeno libre de contaminaciones, es decir, de manipulaciones, subordinaciones y simulaciones; sacrificando el oxígeno de la independencia.
Observamos un gran número de comunicadores en flagrante defensa de intereses de grupos económicos y políticos, en menoscabo de un trabajo periodístico serio de la información. La independencia de criterio debe reinar por la veracidad de los hechos.
Fuente: Listín Diario





