Tras el aviso preliminar de tsunami del sábado, luego cancelado por el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) , quedo en evidencia que al país le falta de preparación ante este tipo de eventos.
Mientras que para huracanes y tormentas tropicales existe una cultura de prevención con planes de evacuación y refugios identificados, ante un eventual tsunami el único mensaje de las autoridades fue pedir a la población que se alejara de las costas.
Esto es insuficiente y deja en evidencia la improvisación y la ausencia de un protocolo estructurado.
En países con vulnerabilidad sísmica y costera, los simulacros son herramientas clave para reducir el pánico y asegurar respuestas efectivas en situaciones reales.
Japón y Chile, por ejemplo, han incorporado en su cultura de prevención ejercicios periódicos de evacuación, con rutas señalizadas y planes de acción claros.
En contraste, en nuestro país, que sepamos, nunca se ha practicado un simulacro de tsunami a gran escala.
El reciente susto debe ser una llamada de atención para que las autoridades establezcan un programa de entrenamientos y simulacros en las comunidades costeras.
Estos ejercicios deben incluir a los organismos de socorro, centros educativos, hoteles, empresas y la población en general.
Además, es imperativo contar con sistemas de alerta temprana más eficientes y estrategias claras de evacuación.
La improvisación es enemiga de la seguridad.
No podemos esperar a que ocurra una tragedia para darnos cuenta de que no estábamos preparados.
Editorial Listín Diario





