Ramiro Francisco
A veces, con dolor del alma, aceptamos denuncias o críticas contra alguna institución o compañeros a la que pertenecemos, y una vez, realizadas las investigaciones pertinentes, tomamos firme posición al respecto.
El discurrir del tiempo nos enseña, que obramos oportuna y correctamente en bien de todos. De la institucionalidad, de lo correcto, de lo justo, y no hacer gala de la hipocresía, falsedad, irresponsabilidad y tibieza.
El caso del Presidente Juan Bosch, durante su gobierno ha trascendido el tiempo, al ordenar realizar investigaciones y actuar en consecuencia, ante la denuncia contra uno de sus funcionarios cercanos.
Uno es libre de imaginar al profesor Bosch, pasar noches de insomnio, días de preocupación, al pensar en el problema presentado.
Podemos decir lo mismo del recién fallecido Pontífice de la Iglesia Católica, al conocerse el caso de corrupción de un Cardenal cercano, como actuó con dolor y hasta con vergüenza ajena. No dio la espalda sin hacer caso a algo, que afectaba ciertamente el honor de la Iglesia.
Recientemente, en nuestro país, el Instituto Duartiano revocó la presidencia de esa prestigiosa institución, por su mayoría no estar de acuerdo con los planteamientos o líneas institucional, hechos por quien desempeñaba esa posición.
Una decisión, que admiramos y respetamos, porque es mejor actuar de esa manera franca, abierta, sincera, y no soportar callados, algo con lo que no se está de acuerdo.
Cuando existe una queja, critica, o denuncia, lo prudente es investigar y con gallardía aceptar realidades y enfrentar consecuencias.
Si en muchas organizaciones no se actuara con doble moral, engañifas y teatro, se evitan rompimientos, salidas, abandonos y grietas, que amenazan constantemente el derrumbe.
Quienes dirigen instituciones deben recordar –porque lo saben –que de cuando en vez, hay que hacer reuniones de autocríticas. Un FODA. Y cambiar de carril y de rumbo, si las circunstancias lo ameritan.
El crecimiento, fortalecimiento y permanencia de una organización cuesta esfuerzo, trabajo, tiempo y dedicación.
Se desmorona rápido. En menos de lo que “canta un gallo”, por la ausencia de unidad y el temido cáncer de la corrupción.
¡Los ejemplos sobran!





