Cuando un funcionario asume una función de primer orden dentro del estamento gubernamental o como ejecutivo en el ámbito privado, se plantea como meta cumplir con apego a las normas y la naturaleza de sus funciones.
Sin embargo, conforme pasa el tiempo, va olvidando que la comunicación es intrínseca a la propia gestión, es decir, su éxito depende en gran medida de cómo maneje su comunicación institucional o empresarial o el valor que le confiere a la misma dentro de la organización.
Me refiero a esa comunicación que está cimentada sobre la base de un plan estratégico, que incorpora todos los elementos que permita alcanzar la consecución de logros o hitos.
Una eficiente gestión está íntimamente relacionada con una comunicación eficaz, que no significa simplemente hablar con elocuencia o hacer campañas “bonitas”, sino que hoy en día sumado a este ecosistema digital, implica todo un engranaje diseñar una comunicación que sea altamente potente, no solo hacia fuera.
Las redes sociales quiérase o no, trazan las reglas de juego de la comunicación, por eso vemos como los medios tradicionales replican lo que primero se instala en digital.
Vivimos en la “economía de la atención”, concepto que por primera vez planteó el economista y psicólogo Herbert A. Simon, entonces comunicar bien no solo es articular una narrativa, sino que también hoy en día se debe crear contenido disruptivo (ojo no bailar en TikTok), aquel que es capaz de generar esa conexión emocional, lo que llamamos como “rompe scroll”, en que el usuario se detenga, preste atención y se involucre en el contenido de principio a fin.
Asimismo, comunicar bien es también anticipar escenarios adversos, contar con protocolos claros para crisis, comunicar con propósito, transmitir autenticidad, coherencia, ser memorable, entre otros.
Volviendo al punto anterior, no puede haber una eficiente gestión institucional o empresarial, si no cuenta con una comunicación estratégica bien articulada, plasmada en un plan.
Es frecuente observar gestiones de funcionarios luego de salir de un cargo con cierto grado de éxito institucional, aunque, en la opinión del público no se percibe de esa manera por el contrario genera un sentimiento opuesto, porque no se reflejó de forma óptima en sus comunicaciones, ya sea por ser subvalorada o por falta de empoderamiento, es decir, una buena gestión puede ser eclipsada por generar una mala percepción por no contar con una robusta comunicación estratégica.
Más aun cuando en muchos casos el departamento de “comunicación” es visto como “la cenicienta”, pero quienes piensan así está totalmente divorciados de la realidad.
Otros la ven como “relleno” solo hacen “videítos”, publicar en redes sociales y enviar notas de prensa. No obstante, su valor es cada vez más relevante, por el alto impacto de lo que representa en este entorno hiperconectado, polarizado y cambiante, de gestionar “percepciones”, construir confianza en los públicos de interés y además cuidar la reputación institucional.
Hay una máxima que debería guiar toda gestión contemporánea: quien no comunica bien, no gestiona bien y quien no lo entiende, está condenado a la irrelevancia.
Fuente: Listín Diario





