Ramiro Francisco
Desconozco desde cuándo, pero en mi niñez y adolescencia, fueron muchas las personas que tenían en sus antebrazos un tatuaje de dos corazones con una flecha que los atravesaba y además podíamos leer las palabras “tú y yo”.
No recuerdo, si por esas “marcas”, se les podía considerar sospechosos y propensos a ser detenidos por las autoridades.
Pasado el tiempo, el perfil del sospechoso era o es, tener pelo largo, pelada caliente, tatuajes en diferentes áreas del cuerpo, vestir descuidado, olor desagradable y vivir en barriadas muy pobre.
De esas gentes, se podía esperar cualquier cosa. Asaltos, robos, atracos, asesinatos, engaños…en fin.
Existe un buen artículo de Manuel H. Villeta, en el periódico El Nuevo Diario, de fecha 27 de diciembre del 2023, al que tituló El Perfil Sospechoso, que recomendamos leer.
Pero, el paso por esta dimensión es, asimismo, una escuela, en la que podemos aprender de todo, desde niveles diferentes.
La mayoría de los que han sido acusados de desfalcar al Estado, y ocupan con sus nombres los archivos judiciales, residen no en barrios de “jodidos chancletuses”, andan con sacos y corbatas, son inteligentes y profesionales, usan buenos perfumes, buena dicción y se “codean” con altos jerarcas de la política y el empresariado.
No tienen un “perfil sospechoso” hasta que son apresados.
Aprendemos.





