Para muchas personas estar deprimido es señal de flaqueza, debilidad de carácter, carencia de fuerza de voluntad, ser un blandito (a), no creer en sí mismo. Pero, amigo lector, si usted ha conocido a alguien deprimido, de seguro que no compartirá los calificativos que a veces se le indilgan.
Es una epidemia de salud mental generalizada con profundas consecuencias sociales, económicas y de salud. Aproximadamente 332 millones de personas (casi el 4% de la población mundial y 5.7% de los adultos) viven con depresión. Afecta desproporcionadamente a las mujeres, con una prevalencia de un 50% mayor en comparación con los hombres. Segunda causa de discapacidad a nivel mundial y se proyecta que sea la primera para 2030. Además, sigue siendo la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
Las repercusiones de los trastornos depresivos en la población mundial son de tal magnitud que, llevó a los organismos vinculados a considerar el 13 de enero de cada año como “Día Mundial de la lucha contra la Depresión”, con el objetivo de aumentar la inversión en prevención, detección temprana y expansión de los servicios de salud mental accesibles a nivel global para abordar esta carga creciente.
Una persona depresiva es una persona normal, que en ocasiones y por razones muy diversas pierde las ganas de vivir y disfrutar su existencia por varias semanas o meses.
Nadie quiere estar triste, es un período desagradable, incómodo, de insatisfacción, llanto, apatía, falta de energía, irritabilidad, insomnio, pensamientos pesimistas, ideación suicida. Perdiéndose por un período de tiempo la capacidad de disfrutar la vida, la valoración positiva y repercusiones emocionales de un amanecer, un atardecer, un encuentro familiar, el goce de realizar a gusto su trabajo, en fin, de disfrutar la vida a plenitud en cualquiera de sus variantes.
Estamos ante un persona llena de angustia, falta de entusiasmo, sumergida en una indiferencia y aislamiento que no se corresponde con la persona que Ud. anteriormente conocía. Esa persona indefensa que tiene que luchar hasta contra sus pensamientos e ideas pesimistas, claro que requieren de nuestra comprensión y apoyo.
La propia familia puede sentirse hastiada al no ver mejoría, cambios en sus respuestas. Sin embargo, debemos prestarle atención, ya que, en ocasiones, el paciente triste, desesperanzado y sin ver solución desde su perspectiva, toma la deplorable decisión de atentar contra su vida.
Luego sólo nos queda el remordimiento de lo que pudimos haber hecho pero no hicimos.
¿Qué puede causar depresión? Una alteración de los neurotransmisores serotonina, dopamina, entre otros. Factores genéticos: si tiene un familiar de primer grado (padre, madre, hermano) con depresión tendrá tres veces más posibilidades de desarrollarla. Hechos que provocan experiencias difíciles: muerte de un ser querido, divorcio, trauma, aislamiento social, falta de apoyo. Algunas enfermedades pueden contribuir a pérdida de motivación y esperanza de recuperación: cáncer, politraumatismos.
Luchar contra la depresión desde su prevención, diagnóstico, tratamiento es tarea de todos los días, pero estamos tomando este día como referencia para acentuar esfuerzos, orientaciones concienciación sobre esta patología.
Les solicito a todos los amigos lectores la mayor comprensión, tolerancia y solidaridad cuando se entienda que alguien a quien usted estima esté atravesando por una situación similar. Es tiempo de buscarle, apoyarle, estar cerca e incluso de procurar la ayuda profesional. Las críticas o comentarios déjelos para después.
*Mantenga una dieta balanceada e hidratación adecuada.
*Evite el uso de alcohol y drogas pues estos empeoran los síntomas.
* Realice ejercicios, estos liberan endorfinas que mejoran su estado de ánimo.
* No se aísle, visite familiares y amigos.
* Realice actividades que disfrute: arte, música, lectura.
* Sea paciente, los síntomas mejoran progresivamente y puede ser necesario hacer ajustes terapéuticos. Nunca falte a sus consultas.
* En caso de crisis o pensamientos de autolesión procure llamar al Sistema Nacional de Emergencias 9-1-1, o, la línea de ayuda *462.
Fuente: Hoy





