Ramiro Francisco
A mis amigos callejoneros, playeros, rieleros y tanqueros
Todavía en los 60s temprano, funcionaban en algunas de nuestras escasas barriadas, las llamadas llaves públicas donde el vecindario y de otras zonas más lejos buscaban el agua potable.
Nos cuentan los viejos, que unas eran simples tubos de hierro resguardados en una estructura de concreto con una llave, donde la gente se abastecía del preciado líquido.
Otras, eran verdaderos monumentos a la Era o al Jefe. Unas estructuras en concreto con dos tomas o llaves de agua.
De esa última si no estamos equivocados, existía una en la calle Primera con Calle 4 de Los Callejones.
De las llaves públicas sencillas, recordamos una ubicada frente al Colmado de Juan García El Mayor. Establecimiento comercial cerca del Bar Azul (menos de cien metros) y a la entrada de Playa Oeste.
Al parecer, por entonces en esa legendaria comunidad, no existían esas llaves públicas para abastecerse de agua, por lo que siempre ese lugar estaba siempre con muchas personas en busca de la misma.
Si a esto le agregamos, vecinos de las Calles 2 y 3 del Ensanche Duboq, Los Rieles y Los Tanques, tendrán ustedes una idea de lo que decimos.
Cada quien respetaba el turno ajeno. No recuerdo haberse armado algún rebú por esto.
De Playa Oeste eran famosas dos familias que buscaban el agua en burros. Cuatro envases o latas grandes transportaban en cada animal. ¡Por entonces, los envases plásticos eran sueños!
Muchachos de mi generación –varones y hembras- residentes en las barriadas de entonces, muy raro, que no tuvieran esas experiencias con “latas al caco”.





