Llamado de atención
Editorial
La peor de las noticias posteriores a este hecho que encendió la indignación ciudadana es la de percibir una prolongada indolencia de autoridades citadinas –y principalmente las nacionales- que llegaron al colmo de condescender con fines electoreros halagando a trullas de motociclistas caracterizadas por la informalidad y la desobediencia y que ya muestran notable capacidad y vocación para agredir al orden público. Harto difícil resulta separar a justos de pecadores en la circulación vial ahora que este mal –alentado y dejado crecer por el poder y la subordinación a lo partidario- solo podría ser contenido con una inimaginable y masiva drasticidad persecutoria. El monstruoso creció y la soga para amarrarlo está en manos con historial de debilidad. La anarquía parece a sus anchas en las calles.
Lo primero es que el país está inundado de motocicletas ingresadas al territorio nacional al margen de controles de importación y aduanas, organismos que no suelen actuar con minuciosa eficacia y que pasaron a ser operadas por hordas de indocumentados: sin licencias para conducir, sin pólizas de seguros y sin capacidad de salir a las calles dotados de papeles de buena conducta. Infiltrarse como masa informe al tránsito convencional pero desde la condición de enemigos de la seguridad ciudadana ha sido fácil. Muy a sus anchas y superando escandalosamente la capacidad del Estado de someterlos a la ley por demostradas ineficiencias institucionales de pésimos resultados.
Fuente: Hoy





