El aumento de los asesinatos de mujeres con características epidémicas y de calamidad pública ha llevado a su vez a la sociedad hasta la consternación por sus dimensiones de daños irreparables y por la posibilidad de que se extienda tras haber admitido el Estado que tuvo oportunidad, y no lo logró, de salvar muchas de las vidas que acaban de perderse. Lo que las autoridades ha venido dejando de hacer está en el centro de esta ola de desgracias.
El mecanismo de casas de acogidas, que debería estar sujeto a una protección inmediata y transitoria, acomete una solución parcial si el mayor énfasis de las autoridades que alojan a seres bajo amenazas mortales no está en paralizar en el acto a potenciales autores de homicidios. Persecución policial para privaciones de libertad con fines de investigación y neutralización de denunciados propósitos criminales.
En caso de que la ley y los protocolos judiciales y policiales no contemplen el que, ante indicios serios y concurrentes, las vidas humanas deben ser protegidas con medidas de excepción, el sistema dominicano de protección ciudadana debe ser llevado a alguna fórmula jurídica que permita aplicar medidas heroicas absolutamente respetuosas de la Constitución de la República de los derechos humanos.
En defensa de la vida el Gobierno debe a su vez destinar una parte del gran presupuesto con que abrillanta su imagen hasta más allá de lo razonable, a una penetrante campaña de orientación por distintos medios comunicacionales para empoderar a la población femenina de informaciones puntuales para su autoprotección. Herramientas para adelantarse a lo peor.
Para expertos en conducta humana y entidades de largo historial en protección y solidaridad con la mujer, en muchos casos es posible reconocer a tiempo las actitudes feminicidas. Muchas investigaciones tras actos de violencia de género delatan procesos de relaciones cercanas o íntimas plagadas de comportamientos masculinos de obcecación, celos bajo el criterio de que la mujer es propiedad del macho. Esta sociedad no puede esperar a que la egolatría de muchos hombres sea modificada de manera importante con sermones y una reeducación tardía de dudosa eficacia y para la que en realidad no se está capacitado.
Editorial Hoy





