Libertad de expresión sin brújula: el desafío de la palabra en la era digital

0
Compartidas
14
Vistas

Esta democratización acelerada de la palabra ha puesto al descubierto una paradoja peligrosa: nunca había sido tan fácil hablar, pero nunca había sido tan difícil ser escuchado con rigor. El verdadero debate ya no es solo defender la libertad de expresión frente al Estado.

Por Hanna Bueno

10/06/2026   ·   12:03 AM

La República Dominicana ha logrado una de las aperturas democráticas más notables de América Latina. Atrás quedaron las épocas en que opinar podía costar la vida o la libertad. Hoy, con una penetración de internet del 88.6 % (más de 10.2 millones de usuarios en un país de aproximadamente 11.5 millones de habitantes), el país supera ampliamente el promedio global y lidera la conectividad en el Caribe. Cualquier persona con un teléfono inteligente tiene una tribuna de alcance masivo que los grandes medios del siglo XX jamás soñaron.

Sin embargo, esta democratización acelerada de la palabra ha puesto al descubierto una paradoja peligrosa: nunca había sido tan fácil hablar, pero nunca había sido tan difícil ser escuchado con rigor. El verdadero debate ya no es solo defender la libertad de expresión frente al Estado, sino cómo evitar que se degrade en ruido, desinformación y degradación cultural en una sociedad con persistentes déficits educativos.

El desfase legal, la mordaza y el fantasma del caos

El marco jurídico vigente es obsoleto. El artículo 49 de la Constitución prohíbe la censura previa, pero la principal norma que regula la materia sigue siendo la Ley 6132, de 1962. Esta brecha impulsó el proyecto de Ley Orgánica de Libertad de Expresión y Medios Audiovisuales, presentado en 2025.

La iniciativa busca modernizar la regulación del entorno digital y transparentar el uso de la publicidad estatal. Sin embargo, la posible creación de entes reguladores con poderes sancionatorios —incluyendo suspensiones de hasta 90 días— ha generado legítimas alertas en la sociedad civil y el periodismo independiente. El temor es fundado: en manos politizadas, cualquier organismo de control puede convertirse en una «ley mordaza» moderna.

Pero el dilema es perverso. Aunque la ley se convierta en una mordaza estatal, la ausencia absoluta de regulación nos condenaría exactamente al mismo caos destructivo. El vacío normativo deja el ecosistema de la información a merced de la difamación impune, el canibalismo digital y la anarquía informativa. Estamos atrapados en una trampa perfecta: el exceso de control estatal ahoga la democracia, pero la falta total de reglas la desintegra.

La erosión de la confianza en los medios tradicionales

El auge de influencers y opinadores digitales responde, en gran medida, al colapso de credibilidad de los medios clásicos. Según el Reuters Institute Digital News Report, la confianza global en las noticias tradicionales ronda el 40 %. En República Dominicana, encuestas locales revelan que más de la mitad de la población desconfía de la imparcialidad de noticieros y prensa escrita.

Esta pérdida de confianza tiene causas concretas: la dependencia histórica de contratos de publicidad estatal, la desconexión con las realidades periféricas y la tendencia al sensacionalismo y al clickbait para competir con la inmediatez de las redes. Como resultado, muchos ciudadanos han migrado hacia voces sin filtro en las plataformas digitales, aunque estas frecuentemente carezcan de rigor periodístico.

La tormenta perfecta: baja educación y difusión masiva

El problema se agrava por la combinación explosiva entre alto acceso digital y bajo nivel educativo. Los resultados del Programa PISA de la OCDE muestran que solo alrededor del 25 % de los estudiantes dominicanos alcanza el nivel mínimo en comprensión lectora, mientras que el 75 % permanece por debajo del umbral básico. Paralelamente, los dominicanos pasan en promedio más de 3 horas y 45 minutos diarios en redes sociales.

Esta combinación genera consecuencias previsibles:

  • El algoritmo vence al criterio crítico.
  • La chabacanería, la difamación y el morbo se monetizan mejor que el análisis serio.
  • Los rumores falsos se propagan hasta siete veces más rápido que las rectificaciones.
  • La impunidad en agresiones contra el honor y la intimidad —especialmente de menores— se ampara bajo el escudo de la «libertad absoluta».

Visión de futuro: la verdad como bien de lujo y segregación social

Hacia el final de la década, se proyecta que cerca del 80 % del contenido en internet será generado o asistido por inteligencia artificial. En ese escenario de saturación extrema, el recurso más escaso ya no será la información, sino la atención y la capacidad de concentración.

La atención se convertirá en la divisa premium: el contenido más exitoso será el que logre captar y retener la mirada con estímulos cada vez más escandalosos o hiperpersonalizados. Paradójicamente, la verdad verificada y certificada pasará a ser un bien de lujo, accesible principalmente a través de suscripciones a plataformas y filtros humanos confiables.

Siguiente Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Recientes