La periodista Ellen Barry, reportera de salud mental del New York Times, ganadora del Premio Pulitzer del 2011 y jefa de la sección de Ciencia y Salud del periódico, ha publicado una serie de artículos sobre el papel de las redes como una toxina en nuestro entorno digital equivalente a la nicotina, a la droga.
Para nosotros lo que más interesa de esa serie de artículos es su análisis de las redes como desahogo social, proceso donde la gente siente que está haciendo algo público y político en las redes, pero en la práctica ello no se traduce en acción fuera de la pantalla. Es lo que define como “activismo de sofá”.
Válvulas de escape, las redes permiten que te quejes, firmes una petición para que tu cerebro registre que hiciste algo, pero el resultado es bajar la presión para salir a marchar u organizarse.
Dopamina rápida, las redes te dan una respuesta rápida, inmediata y mucho más fácil que ir a una asamblea de tres horas, pero el resultado es que no hay continuidad. Solo burbujas y ruido. Se vuelven una catarsis. Una ilusión de comunidad donde no hay una organización real, ni lideres reales, ni plan.
En ese sentido las redes son el más formidable instrumento de desmovilización política que ha inventado el sistema, porque reemplazan la organización real. Se vuelven un desahogo (Marcha Verde), pero sin consecuencias reales. Utilizan compulsivamente a la gente. El desahogo es real, pero se queda ahí, mata la movilización. Por eso la articulista sugiere usarlas como punto de encuentro, pero no como destino final.
Hay otros dos autores que son claves para entender el rol de las redes. Eugene Morozov, escribió un libro titulado: “El desengaño del internet: los mitos de la libertad en la Red” y, acusa a las redes de fomentar el conformismo y la ceguera, arma muy utilizada actualmente por los regímenes totalitarios para también infundir miedo. Las redes, dice, “te dan la ilusión de participar sin hacerlo.
La tecnosocióloga turca Zeynep Tuferleci, afirma que las redes organizan rápido para vaciar los movimientos, y utiliza como ejemplo la Primavera Arabe, el movimiento en Hong Kong y Ucrania, como movilización rápida de multitudes que provocan una gran daño al cambio social a largo plazo.
Antes, afirma, para organizar una reunión había que hacer reuniones, formar líderes, crear una disciplina. Era difícil y constante, pero permanecía y era fuerte. Ahora, con el e.mail y el zoom organizan las campañas, pero son débiles, sin estructura y se desinflan.
Las redes, concluye, nos quitan los beneficios de hacer las cosas de manera más difícil. Funcionan mas rápido, pero sin estructura, ni organización que se sostenga.
En resumen: opio digital.
Fuente: El Nacional





